— Siempre vas con lo mismo. Y siempre te las arreglas para terminar con un puñal entre mis costillas — A estas alturas ya era tanto lo que esa irritante pulga chupasangre le molestaba buscando una que otra manera para atentar en su contra… Estaba seguro que un día de estos amanecería sin cabeza —. Quitame esto o haré que sufras lo mismo multiplicado por cien. Y es mejor que te apresures.
– ¡Oh, vamos, no es “siempre”! – Aunque si eran suficientes veces como para que el demonio generalizara de aquella forma. Torciendo un poco más la empuñadura de la pequeña daga encajada perfectamente en sus músculos intercostales, rió un poco al sentir que el filo de esta misma llegaba a tocar una de las costillas ajenas. – No sé como tu diafragma puede seguir subiendo y bajando con un puñal ahí, me impresionas. – hizo caso omiso a las palabras ajenas, después de todo eran una simple amenaza, y, además… – ¿Estás seguro que quieres que lo quite? Sabes lo que pasaría, ¿no? Estarías sangrando, y mucho más que ahora.
Se sobresaltó al sentir la presencia ajena, pero no se alejó, solo se le quedó mirando a la peculiar chica que desprendía de todo menos el aura de un humano.
— No tengo otra opción más que observarlos, supongo que este es el castigo que me dio Dios. — Respondió de forma seca.
— ¿Qué eres tú? ¿Otro ángel caído?
Vaya, vaya. Al parecer había encontrado a alguien con quien tenía algo en común.
– Son algo aburridos a veces, ¿no crees? Supongo que Él no cuida muy bien de sus hijos. – sentenció sonriente, sin importarle si sus palabras abrían una herida en el contrario. El tacto no era algo que tenía intención de desarrollar. – Podría decirse, querido, aunque yo caí hace ya mucho tiempo.
— Estos humanos… — Estaba a mitad de un parque, mirando como entre todos se ignoraban por algún tipo de aparato que aún su ser no conocía. — Si Yekun estuviera aquí, estaría muy enojado.
– ¿Te entretienes observándolos~? También es uno de mis pasatiempos. – estar en el lugar y momento correctos era su especialidad, aunque esto significase entrometerse en asuntos ajenos.