— ¿Qué haces en un lugar como este un viernes por la noche?. —aunque la escena irradiaba clase y tranquilidad, no era el lugar en que alguien tan joven pasaría su velada.
– Ah ~ ¿Me hablas a mi? – Ellie le dedicó una pícara sonrisa al desconocido, tratando de aparentar simpatía. La realidad era otra: no le gustaba que se entrometieran en sus planes. – Pues, simplemente pasar la noche luego de un día de trabajo, ¿tú no haces lo mismo?
— Alguien al parecer está demasiado ocupada como para recordar de dónde viene.
– Puees, sí… Ocupada. – ocupada tratando de mantener su eterno recipiente humano en el mundo de los mortales y divirtiéndose con sus varias actividades que resultaban aburridas en el infierno. – Pero he estado haciendo bien mi trabajo ~
Oh, así que se refería a ellos. Obviamente no le seguiría el tema, sabía que en su forma actual saldría perdiendo.
Pero lo que no le perdonaría era que le llamase chiquito.
— Vuelve a decir eso y haré que te arrepientas de haber nacido.
Ah~ Así que ya no se mostraba tan rudo. No sabía que algo tan mundano como su estatura fuese suficiente para fastidiar a Dios. Esto era divertido en muchas formas, y lo estaba disfrutando en sobremanera.
– ¿Así que ese es tu punto débil? Oh, mil disculpas si le ofendí, milord. – su voz cantarina tenía un tinte de sarcasmo muy notorio, pero no le importaba en absoluto.
—
Nunca fueron mis iguales. Es mi universo regido por mis reglas, y aquel quien vaya en contra del orden establecido merece ser castigado.
— Uno más, uno menos que me cuestione; da igual. No son más que polvo.
– Bueeeno, como digas, milord. Aún así, los Otros te enviaron a la Tierra para habitar ese mundano cuerpo humano que tienes… Antes me dabas miedo, ahora… – se encogió de hombros mientras buscaba las palabras adecuadas para referirse a su aspecto actual. – No lo sé, estás… chiquito.
— Tengo nombre, ¿sabes? Es Jun. — Ese apodo ya le estaba molestando y eso que solo le había utilizado dos veces. — Entonces no lo son, no entiendo el punto de querer involucrarte con su circulo. No vas a ganar nada. — Habló con el mismo tono que se expresaba como de costumbre. Suspiro ante su pregunta, era obvio que lo hacía por el contrato que tenían ambos. — No soy su mascota, solo estoy bajo su contrato y es por eso que estoy cerca de él. — Básicamente, era el juguete personal de Ryobe.
– Ah, Jun. Un lindo nombre. Te queda. – bien bien, se había ganado un puñado de amargas palabras y… ¿eso que olía era arrepentimiento y nerviosismo? Al parecer, a alguien le costaba admitir que en estos casos era mejor ser una mascota que un simple juguete que se podía deshechar en cuanto se echase a perder. Una mascota al menos es para siempre, ¿no? – No creo que debas hablarme así, Jun~. Las cosas entre nosotros no te incumben, hehe. – Aclaró con su aterciopelada y algo amenazante voz. Después de todo, era un simple humano que servía para alimentar a las atormentadas almas que merodeaban el infierno. Aunque, en su opinión, los contratos eran un fastidio. – Estar bajo un contrato de un demonio de su calaña debe ser un beneficio para ti, ¿no crees? ¿Cómo ha estado tu memoria últimamente, Jun?
— ¿Mascota? — Ahora que caía en cuenta no parecía alguien normal, por lo visto se estaba involucrando con alguien similar a Ryobe? — ¿Eres acaso…algún conocido de Ryobe? no por eso te refieres a él como “su” y no, no soy su mascota.
– Oh no, conocido no… Más bien, una invasora en su territorio que está de paso por aquí. – omitiría el hecho de que buscaba nuevas presas para satisfacer su hambre. Literalmente hablando. – ¿Estás seguro que no eres su mascota? Entonces, ¿por qué siempre te está guardando para sí mismo, corderito? – podía notar que por las palabras ajenas y también su semblante, no sería difícil de debiltar. Después de todo, amaba con todo su ser alimentarse de la desesperación de otros.
Ugh… Sabía que iba a encontrar a iguales parecidos a su ser, aunque hubiera preferido nunca encontrarlos. — La forma como Él cuida a sus hijos nunca fue mi problema, solamente me molesta que sus “bellas creaciones” no busquen el verdadero conocimiento. — Estaba molesto, pero no lo suficiente como para irse.
— Hah. Qué fácil es deshacerse de nosotros, quién diría que Nuestro Señor, el ser de amor y bondad, no aguante nada.
– Hahaa… eres interesante, querido. Supongo que tienes razón, estos corderitos son muy necios y no aprenden de sus errores. Los he visto repetirlos una y oootra vez… – su fachada simpática aún podía mantenerse en pie por unos cuantos minutos, pero si aquel sujeto se rehusaba a irse de su territorio, podía llegar a deshacerse antes de lo deseado.
Lo que menos quería era una disputa con un demonio novato que apenas acababa de caer y seguía aferrándose a ‘Padre’ de esa forma. Creía que iba a vomitar.
– Bueeeno, ambos sabemos que lo del amor y la bondad no son lo suyo, ¿no? Padre no acepta opiniones que lo contradigan~