– Mhh… creo que no – contestó algo bajito, dejando que el contrario jugara con su cabello. Cada pequeña caricia lo relajaba más y más. Solo esperaba no quedarse dormido. – Pero si lo dices tú… debe ser verdad, después de todo, tu cabello también es bastante suave. –
– Mmhm, tienes razón… pero tu cabello lo es más, cariño. – una tímida risita se le escapó de los labios debido al comentario ajeno, haciendo que al mismo tiempo sus mejillas se pintaran de un suave tono rosa. – Cariño… Me gusta decirte así.
– Erick, ¿sabías que tenías un cabello muy suave? – comentó dulcemente mientras acariciaba las hebras azabache del contrario que suavemente bailaban entre sus dedos.