– Mph, solo me tomaste un poco por sorpresa. Eso es todo – suspiró, buscando sonar un poco molesto, pero no pudo evitar que una suave risita saliera de sus labios. – Aunque no me molesta seguir aprendiendo más de ti. –
– Ahh… y luego dices que yo soy el cursi – comentó, manteniendo la cercanía entre ambas mejillas. Sus movimientos se habían detenido, pero ahora Kiyomitsu se encontraba recargado al contrario, manteniendo su abrazo. Se sentía seguro y tranquilo. – Tampoco me molesta quedarme así. –
– Ah, ya veo… – aquellas palabras y la risita ajena hicieron que una suave y cálida sensación se esparciera por su cuerpo… ¿Sería cariño, tal vez? ¿El mismo cariño que sentía por sus demás compañeros? No, era de otro tipo, aunque era demasiado terco como para darse cuenta de lo que sentía.
– Siempre serás la espada más cursi que exista, Kiyomitsu. – bromeó, su abrazo haciéndose más apretado, pero no lo suficiente para que perdiese su delicadeza. – Mh, eso es bueno… Estar así se siente… bien, de algún modo. – mientras le abrazaba, una de sus manos, temblorosa, se atrevió a acariciar son suavidad la nuca ajena y las pequeñas hebras de cabello contrarias que allí habían. Como siempre lo había sabido, Kiyomitsu tenía una piel muy suave al tacto, y era esa misma suavidad la que lo hacía querer protegerle de todo daño. Abrazarlo era como sostener un tesoro muy frágil, aunque también sabía que la uchigatana era una de las más fuertes que conocía.
– Ahh~ que modesto eres Yasusada. No esperaba eso de ti – bromeó, dejando salir una suave risa cantarina al final. Después de tanto tiempo conociéndose entre si, seguía siendo bastante nuevo aquel cálido sentimiento que surgía al estar tan cerca de la otra espada. Las emociones en sus nuevos cuerpos continuaban siendo muy complicadas. – Oh, esto también es bastante lindo de tu parte. – agregó sin perder su sonrisa, frotando su propia mejilla levemente contra la de Yasusada. – Suave… me gusta. –
– Hoo, creo que gané, te sorprendí. Normalmente no te sorprenden mis palabras porque me conoces muy bien ~ – canturreó despacito, sin dejar de mimarle.
– Mmh… tienes razón, lo es. También me gusta. – y así se quedó, abrazando suavemente a la uchigatana y acariciando su mejilla contra la impropia. Ahora que sabía que Kiyomitsu no estaba incómodo con aquel gesto de cariño, no le importaba cuanto tiempo se quedasen así.
Una suave sonrisa se mantuvo presente en su rostro, mientras sus ojos seguían con atención al contrario. No era usual observar a Yasusada actuar de aquella manera, siendo que su personalidad no solía ser tan tímida o reservada, pero la espada agradecía poder ser el único que tenía la oportunidad de observarlo así. – Hehe, solo digo la verdad… Muchas gracias Yasusada. –
– ¡Y por su puesto que sí! Te ves muy lindo cuando tienes flores, te quedan bastante bien – y eso sin contar que podría ser cualquier tipo de flor y Yamatonokami continuaría luciendo bien. Después de todo, Kiyomitsu sabía bien que su compañero también era una espada muy bonita. – ¿Sabes? La verdad es que esto también es bastante cursi para mi, así que ya estaríamos a mano. ¡No puedes decir que no ahora! –
– Aún así ~ – rió bajito. – No tienes que agradecer, Kiyomitsu. Con solo verte feliz me doy por pagado. – y era verdad, si había algo que le hacía feliz, era hacer feliz a sus compañeros, y en especial a Kashuu.
– Está bien, está bien, si tu dices que veo lindo con flores, entonces es cierto, no diré que no, entonces. – volvió a reir, divertido. Ahora no tenía escapatoria, pero tampoco le desagradaba la idea de que ambos tuviesen una corona de flores para combinar. Le gustaba, en realidad. – ¿No quieres pasar el rato juntos? Podría hacer té para acompañar.
Ahora Kashuu era el que se recargaba en el hombro contrario, levantando sus brazos despacio para devolverle el gesto. No lo admitiría en voz alta, pero adoraba poder recibir esas muestras de cariño y atenciones. – Gracias… Tu tambien eres lindo, Yasusada. –
Kiyomitsu no tenía que decirle nada para saber que su gesto había sido de su total agrado. Después de todo, conocía a la uchigatana a la perfección. – Heee, no digas eso… aunque de todas formas, gracias también. – rió suavecito mientras delicadamente y sin apartarse de él, rozaba su mejilla contra la ajena en un gesto de más cercanía y cariño.
Las palmaditas de Kashuu se detuvieron por unos instantes. No estaba seguro de si había escuchado bien, pero el sonrojo en sus mejillas era bastante notorio. – Gracias – comentó sin más, continuando con las ligeras palmaditas en su espalda, aunque ahora tenían un ritmo distinto.
Al notar el sonrojo en las mejillas ajenas, no desaprovechó la oportunidad de darse la vuelta y abrazarlo con suavidad pero al mismo tiempo con firmeza para hacerle saber que ese gesto era genuino.
– Que lindo~ – lo molestó tiernamente mientras lo apretujaba despacio.
No era justo porque así ya no se puede molestar con él. Mejor solo suspira y le da palmaditas suavecitas en su espalda.
A medida que se relajaba producto de las suaves palmaditas en su espalda por parte del contrario, un susurro pequeñito salió de sus labios, el cual procuró que fuese casi inaudible por la uchigatana.
– ¿Estas seguro? – después de todo, Yamatonokami no era alguien que bajara la retaguardia con tal facilidad. Además… ese había sido un grito bastante largo. – Entiendo… un gato – sabía bien que Yasusada no era un “fanático” de los gatos, pero tampoco esperaba que les gritara a los mismo al solo verlos. Sin pensarlo mucho, Kashuu se acerco al contrario y puso una de sus manos sobre la frente contraria, buscando si quizás estaba enfermo. Un pedacito de él quería alejarse debido a cierto rumor que había escuchado, pero tampoco deseaba dejarlo solo. – Creo que necesitas descansar más, Yasusada. –
– Sí, sí, seguro. – hizo énfasis en lo último para que no lo siguiera molestando con lo mismo. Su semblante ahora estaba más tranquilo debido a que al parecer, su excusa había convencido a la uchigatana, cosa que era difícil. – Kiyomiiitsuuu, estoy bieeeen… – siguió diciendo al sentir la mano ajena sobre su frente. No estaba enfermo, simplemente había sido un momento de pánico debido a… Bueno, debido a él en realidad. Culpaba a su cuerpo humano de todo esto. – Quizás necesite descansar, sí… pero tenemos trabajo que hacer aquí, no es momento para eso. – le comentó con una sonrisa y colocando una de sus manos en su hombro, dándole unas suaves palmaditas después. – Anda, no te preocupes tanto por mí.
– Hiciste… ¿Lo hiciste para mi? – repitió, sorprendido por aquel adorable presente. ¡Incluso tenía sus flores favoritas! No era justo para él, así no podía enojarse con la otra espada. – Es… lindo. Hiciste un buen trabajo. – agregó, bajando un poco la cabeza para que el contrario pudiera poner la corona encima suyo. – Con el simple hecho de ser un regalo tuyo, ya es bastante especial para mi, Yasusada –
Al escuchar los cumplidos contrarios, Kiyomitsu no pudo evitar dibujar una sonrisa en sus labios, seguido de un tenue sonrojo en sus mejillas. Era bastante extraño, la espada ya estaba acostumbrada a escuchar cumplidos de otros, pero con Yasusada se sentía completamente diferente (y más vergonzoso).
– Hehe, lo esperaba, pero me alegra mucho más escucharlo de ti. Mhh… quizás la próxima vez te haga una corona a ti tambien –
– ¡Sí! Lo hice para ti… – y claro, pensando en él también. Después de todo, sabía que su compañero tenía una debilidad por las cosas lindas, y si se le veían bien puestas, era un plus. – Heee~ Basta, Kiyomitsu, me estás avergonzando. – con aquellos cumplidos dichos por la otra espada, no pudo evitar sonreírle nerviosamente mientras un pálido rosa adornaba los pómulos de sus mejillas, haciendo que contrastara con el frío azul de sus ojos. Era una reacción que sólo Kashuu podía sacar de él.
– Ohh, ¿en serio? Pero… ¿crees que me sentaría bien una corona de flores? Creo que sería algo muy cursi para alguien como yo. – A pesar de esto, esperaba con ansias que la uchigatana pudiese regalarle una. La atesoraría igual que aquel prendedor de flor de cerezo que alguna vez le regaló.
– ¿¡Yasusada estás bien!? ¿¡Qué paso!? ¿¡Estamos bajo ataque!?
– E-Eek! – dio un pequeño saltito de sorpresa al escuchar la alarmada voz de su compañero.
Que suerte.
– S-sí, estoy bien, creo… – dijo desviando un poco la mirada y jugueteando con un mechón de cabello despeinado. – No pasó… nada… No es nada, Kiyomitsu. No estamos bajo ataque tampoco, no te preocupes. – él único bajo ataque era él mismo. – Creí haber… visto un gato.