– Mhh… Ya veo – al notar el cambio de Kogitsunemaru, su diestra bajo levemente hasta su cabeza, realizando leves caricias sobre la misma. Sus dedos jugaban con los cabellos contrarios con cuidado, deslizandose suavementemientras una cálida sonrisa dibujaba su rostro. – Supongo que fue un día pesado
–
El sentir las suaves manos y los dedos ajenos acariciando su cabello lo hizo sonreir y, al mismo tiempo, derretirse aún más en su regazo y acurrucarse en él. Se sentía tan tranquilo estando así.
– Hmh… sí, mucho. – aunque solamente había ido de excursión una sola vez en lo que llevaba del día, sabía muy bien que el cansancio que sentía era una mera excusa para acceder a pasar más tiempo con Mikazuki.
– Ah… ¿de verdad? – había leído esa palabra en tantos pergaminos y libros, y aunque incluso había visto algunas películas que hablaban de matrimonio, Mikazukitodavía no entendía completamente el concepto y el valor que le daban los humanos. El matrimonio es… vivir con alguien que es importante para ti, ¿no? – Eso me haría muy feliz, Kogitsunemaru. –
Tragó saliva. Esto lo estaba poniendo mucho más nervioso de lo que debería estar. Una cosa era pensar en el matrimonio con Mikazuki, pero otra era verlo allí, frente a él, con esa expresión en su rostro.
Era adorable.
– E-Eh… sí… – comentó nervioso mientras se le acercaba y escondía su rostro en el hombro ajeno. – A mi… también me haría muy feliz. – a todo esto… ¿qué era el matrimonio en sí?