Oh, así que se refería a ellos. Obviamente no le seguiría el tema, sabía que en su forma actual saldría perdiendo.
Pero lo que no le perdonaría era que le llamase chiquito.
— Vuelve a decir eso y haré que te arrepientas de haber nacido.
Ah~ Así que ya no se mostraba tan rudo. No sabía que algo tan mundano como su estatura fuese suficiente para fastidiar a Dios. Esto era divertido en muchas formas, y lo estaba disfrutando en sobremanera.
– ¿Así que ese es tu punto débil? Oh, mil disculpas si le ofendí, milord. – su voz cantarina tenía un tinte de sarcasmo muy notorio, pero no le importaba en absoluto.
—
Nunca fueron mis iguales. Es mi universo regido por mis reglas, y aquel quien vaya en contra del orden establecido merece ser castigado.
— Uno más, uno menos que me cuestione; da igual. No son más que polvo.
– Bueeeno, como digas, milord. Aún así, los Otros te enviaron a la Tierra para habitar ese mundano cuerpo humano que tienes… Antes me dabas miedo, ahora… – se encogió de hombros mientras buscaba las palabras adecuadas para referirse a su aspecto actual. – No lo sé, estás… chiquito.