— N–no hace falta pagarme, no hay porqué. Si me he ofrecido, es porque sería cruel de mi parte botarte del palacio y dejar que merodees por una ciudad desconocida
—probablemente, su asistente le recriminaría por dejar que un desconocido viviera con ellos de manera temporal; sin embargo, aquel muchachito no parecía ser una mala persona—. ¿Visitarte? ¡Me encantaría! ¡Yokohama debe ser un lugar muy bonito!
Si no era por asuntos diplomáticos, no viajaba a ninguna parte, aunque podría darse una excepción de vez en cuando y llevar con sí misma una herramienta mágica que le permitiera comunicarse con el palacio.
— ¡Ah!
—pegó un gritillo inesperado. Había recordado algo—. ¡No me he presentado todavía! Me llamo Kougyoku. Re–Ren Kougyoku
—hizo una pequeña reverencia como signo de disculpas. Qué maleducada había sido, debió presentarse después que él le dijo su nombre.
– ¿Lo-Lo dice en serio, señorita? – al principio, su rostro presentó una expresión perpleja e incrédula. Estaba acostumbrado a siempre pagar por favores (más que nada porque según él, no los merecía en absoluto), por lo que aquel gesto solidario hacia él lo tomó completamente por sopresa. Le trajo recuerdos de cuando Dazai lo encontró y acogió en la agencia como si fuese uno más de ellos, parte de su familia. Eso lo hacía muy feliz. – ¡Muchas gracias por su amabilidad! ¡Cuando me visite, seré el que la ayude también, cuente conmigo! – de alguna forma debía ser útil… o por lo menos, retribuir la amabilidad ajena con algún gesto pequeñito. – ¡Lo es! Yokohama es una gran ciudad, tiene un gran puerto y es muy bonita. Mi trabajo allí es protegerla del peligro junto a la agencia de detectives… aunque yo soy algo nuevo, heh. – Y era cierto, le faltaba mucho por aprender, pero no iba a negar que se entretenía en el proceso. Cualquier cosa era mejor que el orfanato.
– ¿E-Eh? – arqueó sus cejas de forma interrogatoria en cuanto escuchó el pequeño grito ajeno, y al escuchar la razón de este, no pudo evitar soltar una pequeña risita. – A-Ah, es un gusto conocerla entonces, Kou- Disculpe, Ren-san. – cielos, casi la llamaba por su primer nombre, eso no sería correcto de su parte. – No se preocupe, debe ser normal si se encuentra un desconocido deambulando por aquí, ¿no?
No habían sido días muy ocupados, pero siempre había algo que hacer. Al menos, la tienda no iría a bancarrota, era bastante popular entre la gente, y siempre podía usar esos tiempos muertos en mejorar o crear sus propios diseños.
Ordenaba algunas cosas en el mesón principal cuando la campanilla de la entrada sonó. Alguien había entrado y era su turno de atender a los clientes.
—-Buenos días y bienvenidos a Haengbog Brides. Mi nombre es JiYoo ¿En que puedo ayudarle hoy? –Sonrió mientras se presentaba. Las impresiones en los clientes siempre era muy importante–
Al entrar por la puerta de la llamativa tienda que acababa de captar su atención, Jaeun simplemente no pudo evitar observar los alrededores de esta una vez había puesto un pie dentro. Todo era tan… maravilloso, era como ver su más grande sueño hecho realidad… o bueno, algo así, su tienda simplemente era una plataforma online por el momento.
Tan anonadada estaba que ni se dio cuenta de que alguien estaba presente además de ella, cosa que cambió en cuanto escuchó una voz. Había una chica en el mesón principal saludándola amablemente. – ¡Buenos días! – devolvió el saludo con una enorme sonrisa. – Gracias por la bienvenida, soy… Jaeun, y pues… – desviando un tanto la mirada hacia sus dedos, los cuales jugueteaban entre sí, pensó con cuidado las palabras que diría a continuación. – Quisiera… saber si podrías ayudarme con algo… Lo que sucede es que, soy diseñadora de vestuario y últimamente no he tenido mucha inspiración para crear algo, ni mucho menos comisiones… así que me preguntaba si podrías ayudarme con eso, si te parece bien. – no quería tampoco que malinterprera la situación, por lo que ya estaba preparando una disculpa mental si es que la chica no aceptaba ayudarla.
Erick quería poder contestarle. Deseaba mencionarle lo suave y esponjoso que era el cabello del otro, pero al escuchar el dulce apodo por el que Nikola le había hablado, sintió
inmediatamente
como sus mejillas comenzaron a ruborizarse, mientras su corazón latía con más fuerza. – …Me gusta que me digas así. Es lindo… Tan lindo como tú, mi amor – mencionó con una suave sonrisa.
Si había algo que podía hacerle sentir miles de mariposas en su estómago y hacer que su corazón latiese más rápido de lo normal, eran los cumplidos y los apodos que llegaba a recibir de Erick. Esto era por el simple hecho de que el detective no mostraba esa faceta tan dulce con alguien que no fuese él, y se sentía realmente afortunado de ser el único que podía acceder a sus palabras más melosas y llenas de amor.
– Hee… Basta, me haces sonrojar. – se quejó con una risita mientras que con su dedo índice hacía un pequeño y suave bop! en la naricita ajena. – Tú eres más lindo, cariño.