Se le hizo algo curioso el comentario ajeno con respecto a su nombre, puesto que inclusive luego de su presentación aquello no venía demasiado al caso. Mas no era como si le molestase, simplemente lograba que su intriga por aquel muchacho creciera más y más al punto que se veía capaz de pasar una noche entera preguntándole toda clase de cosas. Sonriéndole con hospitalidad, le hizo una seña para que le siguiera a una puerta contigua al gran altar al centro de la iglesia, la cual les guiaba a un pasillo lleno de ventanas que les guiaría al cuarto destinado para que Bruno se hospedara.
— No te preocupes por la paga. Haz como si te estuvieras alojando en la casa de un viejo amigo, no habrá problema alguno — Sería injusto pedir algo por el uso de aquel cuarto a alguien que venía a hacer su trabajo, y con mayor razón tratándose de la casa de Dios, la cual debía estar abierta y disponible para cualquiera que necesitara amparo tanto físico como espiritual —. De hecho, con un poco de charla me doy por pagado. Estoy seguro que has visto de todo en los lugares que has visitado, ¿O me equivoco?
Que curioso.
Normalmente, cuando decía no tener como pagar alojamiento en los pueblos que había visitado, dormía en el establo o simplemente llegaba a colarse por la ventana de alguna casa desocupada, pero nunca lo habían tratado así. Al parecer, el hombre de fe frente a él rebosaba de generosidad por el prójimo. Eso le sumaba algunos puntos a su favor.
– Como digas entonces, padre. – si hubiese recibido una educación adecuada, Bruno entonces habría agradecido el favor, pero como no era así, su forma de agradecer se limitaba a cumplir los deseos ajenos, y si Valeri quería charlar, pues lo haría con gusto. – Pues, podría decirse. Desde pequeños goblins hasta banshees. – su rostro dibujó una expresión de asco con la sola mención de las últimas, como si hubiese comido algo muy agrio. Esa había sido una terrible experiencia. – No fueron trabajos muy agradables que digamos, pero al menos salí completo- o casi. – rió, sus carcajadas resonaron en la catedral. Si no hubiese sido por su trabajo, tendría sus dos ojos.
– Ah… ¿de verdad? – había leído esa palabra en tantos pergaminos y libros, y aunque incluso había visto algunas películas que hablaban de matrimonio, Mikazukitodavía no entendía completamente el concepto y el valor que le daban los humanos. El matrimonio es… vivir con alguien que es importante para ti, ¿no? – Eso me haría muy feliz, Kogitsunemaru. –
Tragó saliva. Esto lo estaba poniendo mucho más nervioso de lo que debería estar. Una cosa era pensar en el matrimonio con Mikazuki, pero otra era verlo allí, frente a él, con esa expresión en su rostro.
Era adorable.
– E-Eh… sí… – comentó nervioso mientras se le acercaba y escondía su rostro en el hombro ajeno. – A mi… también me haría muy feliz. – a todo esto… ¿qué era el matrimonio en sí?
Le resultaba difícil comprender el porqué de la terquedad ajena; al principio, pensaba que era mera arrogancia, pero con el tiempo se dio cuenta de que estaba muy lejos de ser esta la razón, y se inclinó por inferir que el contrario quería demostrar ser siempre fuerte, cosa que ni él podría hacer. Había veces en que se necesitaba ayuda, y quería enseñarle al contrario aquello.
– ¿Prefieres la hipotermia a tener que perder tu orgullo? – Lo molestaba mientras que con sus brazos envolvía su cuerpo para brindarle un poco más de calor. Para Kirot era fácil, ya que todo el calor que absorbía en el día podía conservarlo hasta el siguiente. – Necesitas ser paciente contigo mismo, la fortaleza se gana poco a poco. – le susurró despacio mientras que frotaba con suavidad su cabeza contra el rostro ajeno; caricias que quizá podrían parecer bruscas, pero que buscaban reconfortar al caballero.
– ¿Ho… Hola? Con permiso, buenas tardes. – Educamente, Xue ingresó al pintoresco restaurante que había encontrado luego de una larga caminata por el centro de la ciudad, su estómago rugía, y le apetecía probar cosas nuevas, así que esperaba que esta fuese una buena oportunidad. – Este es un restaurante de comida tradicional, ¿cierto? – inquirió, tímido. La chica que estaba detrás del mesón parecía amigable… y también la dueña del lugar.
Henlo! Estoy tratando de archivar y ponerme al día con rowlcitus. Recuerden que cualquier cosa ando pendiente del inbox por si quieren pedirme algo con respecto a rolear.
– Erick, ¿sabías que tenías un cabello muy suave? – comentó dulcemente mientras acariciaba las hebras azabache del contrario que suavemente bailaban entre sus dedos.
Miyeon creía tener suficiente experiencia como para que sus lecturas fueran claras y precisas, pero el escenario actual que le mostraban las cartas sobre la mesa estaba siendo nublado por algo que no podía entender…Odiaba hacer esto, pero le faltaba información. – No tienes que responder esto si no quieres pero…¿Tienes problemas con tu familia cercana, Dalie-ssi?
Lo único que Dalie pudo hacer en cuanto escuchó la interrogante ajena fue poner su boca en una pequeña forma de ‘o’ y suspirar profundamente. Que tocara el tema de su familia tan repentinamente no era algo que ella haya visto venir; de ser así, vendría más preparada para responder.
Aún así, decidió responder. Después de todo, lo mejor sería que se sacara un peso de encima.
– Pues verás… es complicado, sí… – comentó, suspirando nuevamente antes de volver a hablar. – Hace muchísimo tiempo no tengo contacto con mi familia, pero tampoco me ha contactado así que supongo que no quiere conversar conmigo, heh… – incluso diciendo esto, Dalie le dedicó una suave (pero triste) sonrisa a la chica. No quería verse tan vulnerable frente a ella.