— Hace demasiado sueño y frío. ¿Estás bien, Kirot? no pareces tener frío.
Kirot bostezó despacio antes de acurrucarse despacio junto al cuerpo ajeno, tratando de que su propio calor fuese emanado hacia el contrario en un gesto de protección contra el frío.
– No suelo pasar frío… Estoy bien, tranquilo. – dijo suavemente mientras acariciaba las hebras albinas ajenas. – ¿Tú cómo estás?
Una gran sonrisa apareció en el rostro de Inigo. Le alegraba mucho poder ver ese tipo de cambios en Gerome; hasta lo hacían sentirse orgulloso de él. – Heh, no te preocupes, no tienes que entenderlo y, si te soy completamente honesto, tampoco hay algo malo en mi. Solo quería hacer algo… especial para alguien – contestó rápidamente, sintiéndose un poco más cómodo con la situación. – …Cierto. La cena – ¿y ahora cómo podría acabar a tiempo? Debía pensar algo pronto y…
– ¡Espera! Tengo una idea – una poco factible, pero tal vez llegaría a funcionar. – Podrías ayudarme en lo que iba a hacer para acabar más rápido y cocinar la cena pronto. No tienes nada que hacer, ¿cierto? – y antes de que su compañero dijera una respuesta, Inigo intentó utilizar su arma secreta. – Además, estoy seguro de que Minerva también podría conseguir algo de provecho si me ayudaras. –
– Mh… – de cierta forma, la explicación de su actuar lo enterneció, pero no lo suficiente como para demostrárselo con gestos o con palabras, simplemente se quedó quieto, observándolo tras la máscara que ocultaba sus ojos. Algún día se atrevería a enfrentar de frente a la interrogante de por qué se preocupaba tanto por el joven bailarín cuando ya había dejado claro que no tenía la intención de ser su amigo o su cercano confidente. Era algo extraño.
Las ideas de Inigo nunca le habían resultado agradables, pero aquello último que había mencionado lo dejó cuestionándose si aceptar o no la propuesta ajena. Había dado en su punto débil, y de cierta forma detestaba que el contrario lo conociese tan bien como manipularlo con algo así.
Pero en fin, al final todo sería por Minervykins.
– … Está bien, te ayudaré. – aceptó, sin hesitar o protestar. – ¿En qué quieres que te ayude?
– Eh… disculpa… – se acercó al contrario con recelo. Sabía que era un tipo algo difícil de tratar después de que la capitana le hablara sobre él, por lo que fue lo más respetuoso que pudo. – ¿Tú también eres un barista, verdad?
— Si — Dicho esto, rodeo los hombros del mago con uno de sus brazos luego se inclino para besar la frente de Robin. — Hay tanto que hacer, mas cuando estamos aun con esta lucha contra Hel — Pausó — Estoy un poco abrumado —
Ante aquel gesto, Robin no hizo más que sonreírle tiernamente mientras que con sus manos acariciaba las hebras azabaches del invocador, reconfortándolo.
– Tranquilo. Todo estará bien. Nos tienes a todos nosotros, y te apoyaremos en esta guerra cueste lo que cueste. – le aseguró. – Sólo debes tener fe en ti mismo.
Asintiendo, escuchó atentamente la explicación del jovencito, la cual le provocó más de una emoción en sí. Era un hecho que ningún país se libraba de la oscuridad y de las malas acciones de las personas, pero mientras hubieran personas que quisieran la paz y el bien de los demás, habría un gran equilibrio. La maldad nunca debía ganar.
— ¡¿Pu–puedes transformarte en un tigre blanco!?¡¿Es posible eso?!
—tan fuerte exclamó, que su voz resonó por unos instantes, lo que asustó a muchas aves del jardín y llamó la atención de algunas. La muchacha sintió vergüenza—. Acá… también poseemos poderes especiales, aunque ninguno de nosotros podemos transformarnos en algún animal como tú. ¿Como así obtuviste ese poder?
No dudó en preguntar. La emperatriz estaba muy interesada en saberlo, le parecía increíble que un humano pudiera transformarse en otro ser vivo o tener alguna de sus extremidades. No obstante, ¿qué le complicaría controlarlo? ¿Acaso tendría problemas? ¡Ah! No dejaba sentir curiosidad. Atsushi había despertado mucho ese lado.
— ¡S–sí, está bien!
—el honorífico fue inesperado, así como su nombre acortado, pero no le molestó en absoluto. Prefería la informalidad en la mayoría de ocasiones—. ¿Por qué lo dices? ¿Has tenido mala suerte últimamente…?
El repentino grito emocionado de la chica hizo que diera un saltito de sorpresa. Esa reacción no se la esperaba de alguien que no pertenecía a su mundo, y la razón de esta misma la supo en cuanto escuchó detenidamente lo que la chica tenía que decir.
Ahora le tocaba a él sorprenderse, ¿también tenían poderes especiales en este lugar? Con solo saber esto, Atsushi se sintió más cómodo. Ahora podía hablarle con más confianza que antes y sin temor a que la chica se asustara.– ¡Sí! Donde yo vivo, es posible… Aunque tampoco he conocido a otra persona que pueda transformarse en un animal como yo, hehe. – eso lo había hecho reflexionar, nunca había considerado que no había alguien más con su poder o algo parecido. Era extraño, pero de cierta forma lo hacía sentir único. – Pues, simplemente nací con este poder, aunque no era consciente de él hasta hace poco. – su mente empezó a repasar los recuerdos que tenía. Recordó cuando fue dejado en la calle por su anterior tutor del orfanato y luego de eso salvó a Dazai de morir; ese mismo día, descubrió que él era la bestia que aparecía con la luna llena, y ahora que estaba en la Agencia Armada de Detectives podía controlarlo más.
– A-Ah, bueno, respecto a eso… – no quería dar lástima frente a la chica, tenía esta oportunidad de conocer a alguien desde cero y no quería arruinarla. Pero aún así… – No es que tenga mala suerte, sino todo lo contrario; lo que pasa es que considero desafortunado que alguien como yo tenga tanta suerte. -
– Hiciste… ¿Lo hiciste para mi? – repitió, sorprendido por aquel adorable presente. ¡Incluso tenía sus flores favoritas! No era justo para él, así no podía enojarse con la otra espada. – Es… lindo. Hiciste un buen trabajo. – agregó, bajando un poco la cabeza para que el contrario pudiera poner la corona encima suyo. – Con el simple hecho de ser un regalo tuyo, ya es bastante especial para mi, Yasusada –
Al escuchar los cumplidos contrarios, Kiyomitsu no pudo evitar dibujar una sonrisa en sus labios, seguido de un tenue sonrojo en sus mejillas. Era bastante extraño, la espada ya estaba acostumbrada a escuchar cumplidos de otros, pero con Yasusada se sentía completamente diferente (y más vergonzoso).
– Hehe, lo esperaba, pero me alegra mucho más escucharlo de ti. Mhh… quizás la próxima vez te haga una corona a ti tambien –
– ¡Sí! Lo hice para ti… – y claro, pensando en él también. Después de todo, sabía que su compañero tenía una debilidad por las cosas lindas, y si se le veían bien puestas, era un plus. – Heee~ Basta, Kiyomitsu, me estás avergonzando. – con aquellos cumplidos dichos por la otra espada, no pudo evitar sonreírle nerviosamente mientras un pálido rosa adornaba los pómulos de sus mejillas, haciendo que contrastara con el frío azul de sus ojos. Era una reacción que sólo Kashuu podía sacar de él.
– Ohh, ¿en serio? Pero… ¿crees que me sentaría bien una corona de flores? Creo que sería algo muy cursi para alguien como yo. – A pesar de esto, esperaba con ansias que la uchigatana pudiese regalarle una. La atesoraría igual que aquel prendedor de flor de cerezo que alguna vez le regaló.
– Vaya, es raro que me visiten a esta hora del día. – más que nada porque nadie quería acercársele demasiado, sea la hora que fuese. – ¿Se te ofrece algo, compañero?
[ groom ] your muse adjusting mine’s appearance , such as straightening a tie , fixing their hair , or buttoning their shirt for them , etc .
Lo único que Bruno podía sentir, eran las suaves púas del cepillo que pasaba delicadamente por su cabello, desenrredándolo y peinándolo. Era una sensación muy agradable, y sentía que su cuerpo podría derretirse ahí mismo debido a las atenciones que su cabellera recibía; sin mencionar claro, la persona detrás de estas mismas.
– Ah… me gusta cuando haces esto. – suspiró mientras se relajaba sobre el escritorio de Valeri, despreocupado por el mundo exterior. Lo único que le importaba era este momento.
– Heh, solo digo la verdad – y la linda reacción que había obtenido del contrario solamente le daba la razón. – ¡Ah! Y no te preocupes por eso. Estoy seguro de que incluso si cometerías un error lo podrías arreglar. Eres excelente en tu trabajo. –
– A-Aún así… – suspiró nervioso. No acostumbraba a recibir cumplidos, menos de alguien como Kiaan. Sentía que no los merecía. – … – se quedó callado unos momentos, anonadado por las palabras contrarias, su trance disolviéndose en cuanto se dio cuenta de que tenía sus ojos posados en el rostro ajeno. – Supongo que lo soy… pero es solo porque tengo una excelente musa. – era su turno de decir cosas así de la nada.