– A-Ah… – ¿por qué de repente decía ese tipo de cosas? En su rostro ni siquiera se veía algún rastro de vergüenza. – ¿De verdad? ¿Y qué piensas de mi? – una pregunta algo arriesgada, sabías muy bien que la respuesta iba a hacer que en tu rostro estallase un volcán. Pero no te importaba en absoluto en ese momento.