— ¿Estas seguro de ésto? — él por su parte no quería beber demás, su resistencia era muy débil y temía por su actuar al estar bajo la influencia del alcohol.
– ¡Por supuesto! – el alcohol ingerido ya estaba empezando a llegar a su cerebro, dejándolo algo mareado y desorientado, pero al mismo tiempo feliz. Después de todo, dos botellas de ron todavía era algo muy poco para él. – Raaaaay… – se le acercó y apoyó su cabeza en uno de los hombros contrarios mientras suspiraba. – …creo que amo a alguien. – una confesión que sobrio nunca diría, ni siquiera al alguien en cuestión.