— ¡Sip! pensé sería una idea interesante, además ya tengo todo listo. ¡Ademáaas…! -– Esa característica risa se escuchó de su boca, y antes de seguir con su habla, Ramuda sacó un pequeño regalo de su escritorio. — No olvidé tu cumpleaños, así que ten. — Le alzó el regalo, esperando este lo tomara. — ¡Feliz cumpleaños, Gentaro! -– y dicho eso, agarró las ropajes ajenos para dedicarle un tierno besos en sus labios.
– ¿Oh? – fingió estar sorprendido en cuanto el contrario puso ante sus ojos el regalo que tenía para él. Claro, se lo esperaba. Después de todo, dijera lo que dijera Ramuda, sabía que en el fondo se había encariñado tal cual él mismo lo había hecho, y es que, ¿como no amar a Ramuda?– Muchas gracias, no tenías que molestarte tampoco, Amemura-kun. – Comentó sutilmente sonriendo mientras tomaba el presente con una de sus manos, pero antes de poder decir algo más, las palabras le fueron arrebatadas de su boca debido a que los suaves y acaramelados labios ajenos se posaron sobre los suyos. Con el brazo que tenía libre envolvió la figura contraria con delicadeza para poder acercar a Ramuda más hacia sí y así responder aquel tierno gesto con suaves movimientos de sus labios contra los ajenos.
Sabía que a Ramuda le gustaban estos juegos, y no perdería. No en su cumpleaños, claro.