Kirot muchas veces se preguntó el porqué dejó que el caballero se adueñase de su confianza, y finalmente, viéndolo allí, avergonzado y jadeante, se dio cuenta de la razón: Symond siempre le había parecido adorable, tanto en gestos como en apariencia, y eso jugó cierto papel a la hora de saber si merecía su confianza y cariño. Al parecer, Symond había ganado esas dos cosas, cosas que no le harían falta para nada al contrario mientras él siguiese con vida.
– Shh… – le susurro bajito mientras delicadamente se deshacía de la barrera protectora que había formado el contrario con sus brazos, dejando al descubierto su rostro. – No tienes que decir nada, Symond. – le comentó, acariciando suavemente su mentón con las yemas de sus dedos, su mirada perdida en la ajena. Aquellos ojos azules constrastaban demasiado con los azabache de él, pero reflejados en estos eran como pequeñas estrellas brillando en el oscuro cielo nocturno, cielo el cual los observaba en estos momentos. – No hay nada que decir… – susurró por última vez antes de que con los mismos dedos que acariciaban la barbilla ajena, la sostuviesen de tal forma que sus labios volviesen a encajar sobre los del caballero en ahora un delicado y más fogoso beso, ya que apenas sintió aquel contacto, el dragón lamió discretamente la boca ajena, como si pidiese permiso para profundizar aquella acción.
– Michioooooooooo – canturreó, apoyándose justo encima del contrario. – Juguemos Mario Kart. – ¿En semana de exámenes? Its more likely than you think.
– ¿E-Eh? – Michio no alcanzó a abrir mucho sus entrecerrados ojos (que estaban consumidos por el cansancio de haber estudiado toda la noche) cuando sintió que algo pesado se apoyaba sobre él. Pero no le molestó; después de todo, ya se había acostumbrado a Tian y sus costumbres. – ¿Mario Kart? Pero no hay tiempo para juegos… hay exámenes, ¿lo sabías? ¿o nuevamente se te olvidó?