— Ya veo. Habrá que buscar un lugar donde puedas descansar hasta que te sientas mejor. — En efecto, pudo sentir esa falta de calor apenas cubrió las manos impropias con las suyas; esperaba que aquel abrazo sirviera de algo. Curioso era que alguien acostumbrado a velar por su propio bienestar luciera tan preocupado e hiciera tanto por alguien más, pero no era como si a Feril le molestara aquella nueva costumbre. De hecho, le hacía feliz. Sobre todo cuando le veía ya más cómodo entre sus brazos. Y, dejándose llevar por ese tierno gesto ajeno, se inclinó un poco más hasta alcanzar los labios impropios en un breve y suave beso, preguntándose si aquello serviría también para que Ainmire recuperase algo de calor.
– Supongo que tienes razón, aunque contigo a mi lado puedo soportar mejor el frío. – seguramente si una versión pasada de él lo escuchase decir tales cosas libremente, se moriría de la vergüenza. Pero su presente ya no era su soledad, era la compañía ajena. Compañía que, de a poco, le había enseñado a ser más abierto con sus emociones, y es por esto que sus gestos y palabras más empalagosas iban dedicados a él y sólo a él.
Al ver como el rostro del contrario se acercaba al suyo, cerró sus párpados suavemente como si fuese por inercia antes de recibir los labios ajenos sobre los suyos, pudiendo sentir como el calor empezaba a impregnarse y a esparcirse más y más en su cuerpo a pesar de que el contacto había sido sólo de unos segundos. – ¿Puedess… volver a hacer eso?