Conocía aquel tono de voz escéptico, lo había oído ya salir de varias bocas. Mas ya se había resignado a que Bruno peleaba sus batallas a su manera, mientras que Valeri prefería depositar sus esperanzas en Aquel que sostenía su fe. Cada uno tenía sus convicciones, pero de todos modos confiaba en que alguna vez lograría abrirse paso en esa alma tan misteriosa que dio a parar a su parroquia.
— Solo digamos que en su momento fui un autodidacta que se dedicó a investigar el tema. Pero es cosa del pasado — Pasado que había dejado atrás luego de dedicar su vida entera a aquello que, según él, le había rescatado de la oscuridad. Obviamente no traería del todo a colación algo que consideraba era parte de un yo que se había perdido hace mucho —. En fin, si vamos a jugar al interrogatorio, creo es mi turno de preguntar. ¿Por qué llegaste aquí exáctamente?
– Ya veo. – al parecer, haber juzgado al hombre de fe frente a él había sido algo apresurado de su parte, de haber sabido que también se trataba de un autodidacta en este tipo de asuntos, quizá incluso le hubiese caído mejor al momento de conocerlo. Pero bueno, la admiración reemplazó esos malos sentimientos hacia el contrario. Un poco. Claro. – Bueno, es lo justo después de que te pregunté algo, ¿no? Pues, para responderte, podría decirte que llegué aquí por encargo de alguien, ya que descubrieron que en este lugar suelen pasar cosas… ya sabes, extrañas. Que involucran estas criaturas que tanto buscas erradicar también. – no era del todo mentira, pero sabía que no debía divulgar muchas cosas sobre su trabajo. Después de todo, estaba hablando con un desconocido todavía, no iba a ser que se tratase de alguien que estuviese en su contra o algo así. – Mi nombre es Bruno. A secas. Mi apellido nunca fue un orgullo para mi. – suspiró ligeramente para luego dibujar una sonrisa ladina en su rostro. – ¿Y tú? ¿Cómo te llamas?