– ¿Si? ¿Qué sucede mi pequeño zorro? – que suavecito, debe contener sus ganas de apachurrarlo.
– Hmmfp… – gruñó suavecito mientras recostaba su cuerpo en el regazo contrario, volviendo en un pequeño chasquido a su forma original, su cabeza, cubierta por su larga cabellera, adornaban ahora las faldas ajenas.
La indirecta no podía ser más directa: quería cariños.