– ¿¡Yasusada estás bien!? ¿¡Qué paso!? ¿¡Estamos bajo ataque!?
– E-Eek! – dio un pequeño saltito de sorpresa al escuchar la alarmada voz de su compañero.
Que suerte.
– S-sí, estoy bien, creo… – dijo desviando un poco la mirada y jugueteando con un mechón de cabello despeinado. – No pasó… nada… No es nada, Kiyomitsu. No estamos bajo ataque tampoco, no te preocupes. – él único bajo ataque era él mismo. – Creí haber… visto un gato.