
– A-Ah- – la repentina cercanía ajena hizo que diera un pequeño saltito en son de su sorpresa, y al sentir las manos ajenas sobre su camisa acomodando los botones que distraidamente había unido mal, no pudo evitar soltar una risita nerviosa a la par que en su rostro se presentaba un suave rubor. Estos pequeños detalles que Erick le regalaba hacía que su amor por él solo creciese exponencialmente. – Gracias, querido. – le sonrió y aprovechó su cercanía para dejarle un suave besito en su mejilla. Una pequeña recompensa por aquel tierno gesto.