Otra pequeña risa se dejó es escuchar de su parte. El sujeto aquél tenía una apariencia tan de pocos amigos que no se podía tomar en serio cuando siseaba de esa manera.
Él también lo hacía, obviamente, pero en su nuevo conocido le resultaba gracioso y difícil de dejar pasar.
— Hahá, ¿puedo llamarte Ainnya? — Preguntó por cortesía, que igual lo haría aunque no lo dejara.
– ¿Ainnya? –un apodo bastante… peculiar, si podía decirlo. Era la primera vez que lo llamaban así, y no esperaba que algo que sonaba tan adorable fuese su primer apodo. Pero no iba a quejarse tampoco. Esto significaba que estaba siendo más… ¿sociable? Podría decirse que sí, después de todo la conversación que ambos entablaban parecía amistosa, y además, eran similares (en cuanto a los rasgos de reptil que ambos poseían).
– Puess… claro, puedess llamarme como quierass. – le contestó sonriente, mostrando a la vez sus enormes colmillos que normalmente usaba para desgarrar la tierna carne de sus presas, pero que ahora los usaba para hacer algo tan mundano como sonreírle a aquel no-tan-desconocido. – Dime, ¿puedo yo llamarte ‘Zu’?