— ¡De un laguito en Japón! Salí apenas hace unas semanas de un lago en el bosque así que ando medio perdido y anticuado con todo. — Soltó entre pequeñas risas algo apenado. Tenía pensado responder cualquier pregunta que le hicieran sin ocultar nada aunque las respuestas fueran algo tontas.
Ya había vivido mucho como para seguir sintiendo vergüenza.
— Y ¿tal vez sea porque somos reptiles? Aunque yo soy una sserpiente. — La última palabra la dijo con un siseo bastante pronunciado, incluso su (por ahora) pequeña lengua bífida hizo acto de presencia, dejando la puntita en V asomándose entre sus labios a modo de juego.
– ¿De un lago? – al parecer, se trataba de un reptil acuático. Él, al ser un dracónido que sólo conocía lo que era el árido terreno desértico, no podía imaginar que alguien parecido a su especie pudiese vivir en lugares tan húmedos, pero lo que más le intrigó fue el comentario de estar anticuado con todo; ¿cuántos años tendría Abzu?
– Ah, puess sí; ambos somos reptiles. – saliendo de su abrumada mente que trataba de adivinar la edad ajena, le sonrió mientras también su lengua, un poco más extensa que la contraria, se asomaba por entre sus labios tras sisear suavemente. – ¡Yo desssciendo de los dragones! Esto nos haría algo como… primoss, ¿no? – era divertido y lindo para él encontrar a alguien que se acercase a lo que fue alguna vez su familia, y no se iba a quejar si era de una especie diferente a él.