– ¿Qué clase de pregunta es esa? – con irritación, suspiró pesado. No estaba para que le preguntaran cosas tan mundanas. – No suelo reírme, y nadie lo ha intentado. Así que eso permanecerá un secreto hasta el fin de los días.
– Si confieso uno de mis placeres culpables ya no sería uno, ¿no es así? – rió con cierta coquetería. – Pues, igualmente te diré uno: Me gustan las películas cursis y melosas.
La voz de Lord
Beelzebub, sonó como el zumbido de un millón de moscas aleteando al mismo
tiempo. Por supuesto, Crowley se lo esperaba: convivía por un corto período de
tiempo con el pequeño Anticristo, y el mundo oscuro perdía la cabeza.
La
excitación, suponía, sólo podía significar una
cosa. Después de todo, ninguno de los caídos podría encontrar algo tierno en aquello que estaba dentro del canasto. El Vástago de Satán, había nacido
para ser un destructor de reyes… Y la serpiente, suprimió una nueva pregunta.
De su existencia pasada, aprendió que las preguntas en momentos
inadecuados, eran malas.
Aún así, y de todos los demonios que le rodeaban, supo
admitir que era su reacción la que
más esperaba. Después de todo, eso
debía significar un montón de burocracia y papeleo.
Parado en su despacho y con los lentes oscuros ligeramente
caídos, el más alto le observó por unos momentos en silencio. Sus ojos de
reptil rara vez pestañeaban y, aunque llevaba mirando a Beelzebub
por largos minutos, intentó
permanecer en silencio.
El
infierno seguía siendo tan aburrido y decadente como le recordaba. Y, por unos
instantes, buscó imaginar cómo sería
una eternidad junto a un montón de
antiguos ángeles reinándolo todo. Apostaría su cabeza a que sería incapaz de
encontrar un trago decente, en cualquier lugar del mundo.
—Hail
Satan, — saludó, con marcado desgano. —hace un tiempo que no nos vemos, Lord
Beelzebub.
Por
supuesto, todo tenía que ser a mano.
Crowley arrugó la comisura de sus labios. Si toda ésa gente hubiera prestado
más atención a la humanidad, habría descubierto dos verdades: Primero, el
beneficio de la era digital. Después, ellos no necesitaban de intermediarios
para masacrarse.
// @chiorinne Me puse posesa con la escritura (?), adaes, ¿qué tal todo?, ;; acorta todo lo que quieras Mith <3
Todos los días eran igual de irritantes. Y no eran irritantes por el simple hecho de serlo o porque en sí el ambiente en donde todos vivían era un basurero, no; eran irritantes porque siempre eran iguales, y la única alternativa que tenían para hacer que este martirio rutinario terminara, era un bebé. El hijo del Señor de Las Tinieblas. El hijo de su jefe.
Era otro fastidio. Pero el fastidio de ese fastidio era cierto demonio al cual le habían asignado la tarea de entregarlo a su familia temporal en la Tierra. Y ese era nadie más ni nadie menos que Crowley. Si fuese su voluntad, no le hablaría nunca y no se tomaría la molestia de vigilarlo constantemente, pero era una pena que aquel fuese su trabajo.
– En efecto, Crowley. – dijo con una voz que parecía entre cansada y fastidiada, aunque para otros podría sonar monótona y sin sentimiento alguno. No era su culpa, su ser era más que todo cansancio y aburrimiento. – Sólo vengo a inspeccionar, como siempre ¿Está todo en orden? – eso esperaba. De verdad esperaba que el demonio le diese un ‘sí’ como respuesta. No le importaba que fuese mentira, no iban a castigarle si algo salía mal; el problema de que su respuesta fuese no era que esta significaba ajetreo, papeleo y movimiento, además de una innecesaria sensación de pánico colectivo. Sabía bien que aquí las paredes tenían oídos… Porque bueno, un mantenimiento del lugar todavía no pasaba por la mente de Su Excelencia.
@antesdelsol perdona la tardanza Kizu ;;; pero aquí ta <3 quedó más cortito pero lo intenté uwu Algún día le conseguiré icons al chiquis de Lord Beel asfjg BTW aquí estoy, bien, empecé la Uni el lunes aaa, ¿qué tal todo por ahí?
La pregunta de la rusa la tomó por sorpresa, era una pregunta que no muchos le hacían, y en el fondo agradecía la preocupación detrás de esta misma, pero tampoco podía flaquear frente a los demás, y era algo que estaba determinada a mantener.
Lo único que debía hacer era responder con la verdad, pero no con toda la sinceridad del mundo.
– Ah, Anya. Estoy bien, querida; aunque algo sobrecargada con el trabajo, pero no es algo que no pueda manejar. – sonrió de forma cortés, y tratando de desviar sutilmente el tema, volvió a hablar. – ¿Quieres quedarte para el té? Horneé unos pastelillos para acompañar.