– A-Ah… menos mal, solo quería asegurarme – bueno, quizás sus planes habían sido interrumpidos momentáneamente, pero todavía podía intentar escapar de Gerome. – Pero Gerome, nos conocemos desde hace tantos años atrás… al menos puedo llamarte compañero, ¿no? – preguntó inocente, aunque tambien buscaba cambiar el tema de conversación. – Y bueno… no crees que eso lo hace, ¿más normal? Quiero decir, no hay nada malo en respirar después de todo. –
– ¿A quién más le estaría hablando si no? Somos los únicos aquí. – seguía sin comprenderlo del todo, pero no gastaría energías ni neuronas tratando de hacerlo. – Que nos conozcamos años no significa nada, Inigo. – al menos para él era así. – Pero sí, somos compañeros. – al fin algo en lo que tenía razón. Quizá muy en el fondo si consideraba al contrario su amigo, pero no se lo diría directamente. No quería tener que hacer de niñera. – No le veo la lógica a tu pensamiento. Lo único que sé es que estás desviando el tema.
– ¿A-Ah? ¿Me estas hablando a mi, Gerome? – sonrió, buscando esconder su rostro preocupado. Oh no, lo habían descubierto, debía actuar natural y alejarse lo más rápido del árbol en el que se iba a esconder. – Creo que te equivocaste de persona, viejo amigo, porque yo solo estoy… ¿respirando? ¡Sí! Ya sabes, cosas normales… de mercenarios… –
– Sí, te estoy hablando a ti. – no entendía como podía ser tan denso para entenderr que estaba dirigiéndose directamente a él. Tampoco se le pasó por la cabeza que podían ser sus nervios, no era uno de sus fuertes adivinar lo que otros sentían. – En primer lugar- – suspiró, algo irritado. – No soy tu amigo, y en segundo lugar… Todos respiramos. Algo ocultas, Inigo.
Yasusada no comprende muy bien los sentimientos, sin embargo, sabe muy bien cuando siente amor por alguien, reservándose aquel sentimiento para sí mismo hasta que vea alguna señal de que es correspondido por la persona que le gusta. Si es que ve que no es así, tratará de no ilusionarse mucho con la idea de amar.
Si llegan a corresponder sus sentimientos, hará todo lo posible por hacerle saber siempre a esa personita que la ama, llenándola de halagos, regalos y pequeños detalles. Se considera a sí mismo un caballero, por lo que también respetará y adorará a su pareja por sobre todas las cosas.
Ahora Kashuu era el que se recargaba en el hombro contrario, levantando sus brazos despacio para devolverle el gesto. No lo admitiría en voz alta, pero adoraba poder recibir esas muestras de cariño y atenciones. – Gracias… Tu tambien eres lindo, Yasusada. –
Kiyomitsu no tenía que decirle nada para saber que su gesto había sido de su total agrado. Después de todo, conocía a la uchigatana a la perfección. – Heee, no digas eso… aunque de todas formas, gracias también. – rió suavecito mientras delicadamente y sin apartarse de él, rozaba su mejilla contra la ajena en un gesto de más cercanía y cariño.
Las palmaditas de Kashuu se detuvieron por unos instantes. No estaba seguro de si había escuchado bien, pero el sonrojo en sus mejillas era bastante notorio. – Gracias – comentó sin más, continuando con las ligeras palmaditas en su espalda, aunque ahora tenían un ritmo distinto.
Al notar el sonrojo en las mejillas ajenas, no desaprovechó la oportunidad de darse la vuelta y abrazarlo con suavidad pero al mismo tiempo con firmeza para hacerle saber que ese gesto era genuino.
– Que lindo~ – lo molestó tiernamente mientras lo apretujaba despacio.
No era justo porque así ya no se puede molestar con él. Mejor solo suspira y le da palmaditas suavecitas en su espalda.
A medida que se relajaba producto de las suaves palmaditas en su espalda por parte del contrario, un susurro pequeñito salió de sus labios, el cual procuró que fuese casi inaudible por la uchigatana.
– ¿Estas seguro? – después de todo, Yamatonokami no era alguien que bajara la retaguardia con tal facilidad. Además… ese había sido un grito bastante largo. – Entiendo… un gato – sabía bien que Yasusada no era un “fanático” de los gatos, pero tampoco esperaba que les gritara a los mismo al solo verlos. Sin pensarlo mucho, Kashuu se acerco al contrario y puso una de sus manos sobre la frente contraria, buscando si quizás estaba enfermo. Un pedacito de él quería alejarse debido a cierto rumor que había escuchado, pero tampoco deseaba dejarlo solo. – Creo que necesitas descansar más, Yasusada. –
– Sí, sí, seguro. – hizo énfasis en lo último para que no lo siguiera molestando con lo mismo. Su semblante ahora estaba más tranquilo debido a que al parecer, su excusa había convencido a la uchigatana, cosa que era difícil. – Kiyomiiitsuuu, estoy bieeeen… – siguió diciendo al sentir la mano ajena sobre su frente. No estaba enfermo, simplemente había sido un momento de pánico debido a… Bueno, debido a él en realidad. Culpaba a su cuerpo humano de todo esto. – Quizás necesite descansar, sí… pero tenemos trabajo que hacer aquí, no es momento para eso. – le comentó con una sonrisa y colocando una de sus manos en su hombro, dándole unas suaves palmaditas después. – Anda, no te preocupes tanto por mí.