– Hiciste… ¿Lo hiciste para mi? – repitió, sorprendido por aquel adorable presente. ¡Incluso tenía sus flores favoritas! No era justo para él, así no podía enojarse con la otra espada. – Es… lindo. Hiciste un buen trabajo. – agregó, bajando un poco la cabeza para que el contrario pudiera poner la corona encima suyo. – Con el simple hecho de ser un regalo tuyo, ya es bastante especial para mi, Yasusada –
Al escuchar los cumplidos contrarios, Kiyomitsu no pudo evitar dibujar una sonrisa en sus labios, seguido de un tenue sonrojo en sus mejillas. Era bastante extraño, la espada ya estaba acostumbrada a escuchar cumplidos de otros, pero con Yasusada se sentía completamente diferente (y más vergonzoso).
– Hehe, lo esperaba, pero me alegra mucho más escucharlo de ti. Mhh… quizás la próxima vez te haga una corona a ti tambien –
– ¡Sí! Lo hice para ti… – y claro, pensando en él también. Después de todo, sabía que su compañero tenía una debilidad por las cosas lindas, y si se le veían bien puestas, era un plus. – Heee~ Basta, Kiyomitsu, me estás avergonzando. – con aquellos cumplidos dichos por la otra espada, no pudo evitar sonreírle nerviosamente mientras un pálido rosa adornaba los pómulos de sus mejillas, haciendo que contrastara con el frío azul de sus ojos. Era una reacción que sólo Kashuu podía sacar de él.
– Ohh, ¿en serio? Pero… ¿crees que me sentaría bien una corona de flores? Creo que sería algo muy cursi para alguien como yo. – A pesar de esto, esperaba con ansias que la uchigatana pudiese regalarle una. La atesoraría igual que aquel prendedor de flor de cerezo que alguna vez le regaló.