— Tengo nombre, ¿sabes? Es Jun. — Ese apodo ya le estaba molestando y eso que solo le había utilizado dos veces. — Entonces no lo son, no entiendo el punto de querer involucrarte con su circulo. No vas a ganar nada. — Habló con el mismo tono que se expresaba como de costumbre. Suspiro ante su pregunta, era obvio que lo hacía por el contrato que tenían ambos. — No soy su mascota, solo estoy bajo su contrato y es por eso que estoy cerca de él. — Básicamente, era el juguete personal de Ryobe.
– Ah, Jun. Un lindo nombre. Te queda. – bien bien, se había ganado un puñado de amargas palabras y… ¿eso que olía era arrepentimiento y nerviosismo? Al parecer, a alguien le costaba admitir que en estos casos era mejor ser una mascota que un simple juguete que se podía deshechar en cuanto se echase a perder. Una mascota al menos es para siempre, ¿no? – No creo que debas hablarme así, Jun~. Las cosas entre nosotros no te incumben, hehe. – Aclaró con su aterciopelada y algo amenazante voz. Después de todo, era un simple humano que servía para alimentar a las atormentadas almas que merodeaban el infierno. Aunque, en su opinión, los contratos eran un fastidio. – Estar bajo un contrato de un demonio de su calaña debe ser un beneficio para ti, ¿no crees? ¿Cómo ha estado tu memoria últimamente, Jun?