Asintió con la cabeza para confirmar el lugar de donde venía. No tenía idea de lo que pasaba por la mente del chico, pero al repetir lo que había dicho se podía imaginar que se le hacia extraño saber que su hábitat se encontraba en el agua - tal vez un día podría llevarlo a conocer su casa.
— ¡Oh! — Dio un brinquito de sorpresa, ¿Ainnya venía de dragones? ¡Eso sí era algo para sorprenderse! La última vez que vio a una de esas criaturas apenas tenía unos 50 años de edad.
— Ser primo de un dragoncito sería todo un honor. — Se atrevió, con toda la confianza del mundo, a darle pequeñas palmaditas en la cabeza como si de un niño pequeño se tratara. A veces no podía evitar tratar a cualquier ser menor que él de esa manera. — Hace mucho tiempo que no veía a un dragón.. o descendiente en tu caso.
Ainmire le sonrío a la deidad con la que, de alguna forma, acababa de entablar amistad (a pesar de sus nulas habilidades de sociabilizar).
– ¿En serio sssería todo un honor para ti? Te lo agradezco. – Era extraño recibir este tipo de halagos, por lo que se ponía nervioso cada vez que alguien hacía un comentario de ese tipo hacia su persona. Y ni hablar de las muestras de afecto repentinas; aquellas palmaditas que recibió en su cabeza hicieron que su mirada se perdiera y riera nervioso, pero de alguna forma le gustaba aquel gesto. Le traía vagos recuerdos de su familia. – Puess, nunca es tarde para ver uno, o al menos un descendiente de elloss. – siseó feliz, era algo agradable encontrar a alguien con el que compartir cosas en común.