El golpecito que sintió en una de sus manos lo dejó algo perplejo, simplemente atinando a observar al causante de éste con una mirada irritada e interrogativa. Sí, sabía bien que debía esperar que la comida estuviese lista, pero tenía mucha hambre… y un pequeño muslo de conejo crudo lo estaba tentando de hace un rato.

– Tch… – chasqueó la lengua mientras seguía observando al caballero. Si no fuese porque ya se llevaba bien con él, ahora mismo estarían peleando como dos niños pequeños.