—
Nunca fueron mis iguales. Es mi universo regido por mis reglas, y aquel quien vaya en contra del orden establecido merece ser castigado.
— Uno más, uno menos que me cuestione; da igual. No son más que polvo.
– Bueeeno, como digas, milord. Aún así, los Otros te enviaron a la Tierra para habitar ese mundano cuerpo humano que tienes… Antes me dabas miedo, ahora… – se encogió de hombros mientras buscaba las palabras adecuadas para referirse a su aspecto actual. – No lo sé, estás… chiquito.