Robin chasqueó la lengua, preocupado, ante la respuesta del invocador.
–¿E… Estás seguro, Kaiser? – no quería entrometerse en la vida personal ajena, ni tampoco quería obligarlo a hablar de cosas que le incomodaban. Sabía que debía darle su espacio, pero no podía evitar preocuparse por él. Después de todo, ambos ahora tenían una relación más fuerte que la amistad, por lo que velar por el bien de su amado era una de sus prioridades.
— Si — Dicho esto, rodeo los hombros del mago con uno de sus brazos luego se inclino para besar la frente de Robin. — Hay tanto que hacer, mas cuando estamos aun con esta lucha contra Hel — Pausó — Estoy un poco abrumado —
Ante aquel gesto, Robin no hizo más que sonreírle tiernamente mientras que con sus manos acariciaba las hebras azabaches del invocador, reconfortándolo.
– Tranquilo. Todo estará bien. Nos tienes a todos nosotros, y te apoyaremos en esta guerra cueste lo que cueste. – le aseguró. – Sólo debes tener fe en ti mismo.
— ¡Ah! Oh, eres tu Robin — Se coloco la mano en el pecho. — Me asuste, pensé que estaba solo — Comentó — Pues, estoy aquí tomando un descanso, hoy fue un día muy largo —
– Ah, lamento sorprenderte… Pero puedo decir lo mismo, fue un día largo. – diciendo esto, se le acercó y se sentó a su lado para luego dejar reposar su cabeza sobre el hombro ajeno. Descansar así no estaría tan mal. – ¿Mucho trabajo? – Sin mucho más que decir, Robin suspiró tranquilo, el estar junto al invocador hacía que las cargas del día se desvanecieran como si fuese magia.
– .. ¿Qué? – no lo negaba, headcanon aceptado. (??)
— ¡¿!?
NI YO SE CUANTAS TENGO ¿¡CUANTAS PECAS TENGO ROBIN!? — Ahora estaba curioso.
– A-Ah, pues… – ahora no podía salir de este… ¿malentendido? No, bueno… No sabía exactamente cuantas pecas tenía el invocador, pero sí un número aproximado luego de hacer unos cálculos en una de sus libretas mientras analizaba sus estregias.