Oh, Dios, que adorable era. A Constantine no le interesaba que su querida Melanie no destacara por ser responsable con sus lecciones o que persiguiera grandes ambiciones en su vida. Lo único verdaderamente importante era su felicidad, además de poder tenerla a su lado.
— Me parece una buena idea. —mimarla y darle en el gusto eran actividades que disfrutaba en demasía, podría decirse que era adicto a su presencia, a sus sonrisas, a pasar tiempo juntos y hacer su vida una pequeña aventura. Todo eso era más importante que, incluso, su trabajo—. ¿Tienes pensado algo? Siempre podemos salir por la ciudad a ver que nos puede ofrecer.
– Hehe, me alegra que piense así. – le esbozó una cálida sonrisa mientras se acercaba a él y lo tomaba de ambas manos, acariciando suavemente sus nudillos. No sabía el por qué, pero desde que tenía memoria le tenía un inmenso cariño al hombre que la tomó bajo su ala, y ese cariño no hizo más que crecer con el paso del tiempo. – Podríamos salir, sí. Un paseo suena agradable, hay un hermoso día afuera. – además, podía volver a pasar por la tienda de cajas musicales que había abierto en la plaza mercante hace dos días. Si tenía un poco de suerte, quizás podría adquirir una que le había llamado bastante la atención esa vez.