TEMA DEDICADO A MEI/ROSA de POKÉMON

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Dejando a Kunihiro dormir tranquilamente en su futon, salió de su habitación a tomar aire, tratando de calmarse y recobrar la compostura; otra vez era esa maldita pesadilla que a ratos venía a molestarlo. Una vez más veía a Hijikata vestido de negro, pidiendo por su espada, abriéndose el kimono para cortarse el viente como un guerrero…el breve momento en el que estuvo apunto de matar a su propio amo.

Aunque el vice-comandante no murió hasta la batalla de Hakodate, donde pereció luchando como soldado, aquel intento de suicidio quedó registrado en la memoria de la uchigatana incluso antes de que adquiriera un cuerpo humano. El hombre no iba a suicidarse por honor, su acto fue uno de desesperación, de dolor por haber perdido todo por lo cuál él luchó, todo lo que quiso proteger…era tan triste, de solo recordarlo le daban ganas de llorar. Menos mal estas pesadillas no eran recurrentes, de lo contrario, se habría vuelto loco.

Quiso contemplar el silencio de la noche, pero unos pequeños pasos quebrantaron eso; al asomarse, divisó la figura de Yasusada caminando por la engawa, confundido, al igual que él, parecía recién despertado, ¿Qué hace él aquí? ¿Se le habría perdido algo? ¿O es qué acaso él también había tenido pesadillas? Alzando levemente su voz, le preguntó con un aire un tanto marcial que alarmó al más bajito, y suavizando su tono, Izuminokami se mantuvo sentado donde estaba pero sin dejar de mirar al contrario.

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– Mira la coincidencia, yo no puedo dormir tampoco, – ofreciéndole un espacio para sentarse, volvió a observar a las luciérnagas que se posaban sobre las hojas de bambú del jardín.

Tomando un poco de aire para tranquilizarse, Yamatonokami se acercó lentamente hacia el lugar que la Uchigatana le indicaba para poder sentarse a su lado, y cuando finalmente lo hizo, una nerviosa sonrisa se dibujó en su rostro, como si así tratase de olvidar o de enterrar lo que había soñado en algún lugar recóndito de su mente. Quizá funcionaría esta vez, o quizá también podía no hacerlo, solo tenía que intentarlo… aunque fuese casi la centésima vez que lo hacía.

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   – Eso parece, Izuminokami-san. – comentó, manteniendo esa compostura serena que tanto le caracterizaba. Entablar una conversación podría ser de gran ayuda, en especial si se trataba de alguien tan cercano como lo era Kanesada, después de todo, todas las espadas pertenecientes al Shinsengumi eran como una familia. Sabía que podía confiar en el contrario. – De casualidad… ¿soñaste algo que hizo que despertaras? – comentó, curioso. Si ambos estaban en la misma situación, no veía el porqué de no poder contarle sobre aquellas pesadillas que aparecían frecuentemente en su dormir. Se sentiría aliviado de saber si no era el único que pasaba por este tipo de situaciones, ya que al menos sabría que no estaba exagerando o algo por el estilo, puesto que, le seguía doliendo, y mucho. Le dolía el hecho de recordar al gran Okita Souji, moribundo, postrado en una cama, completamente solo. Él ya no le era de utilidad… ni siquiera pudo vencer a un pequeño gato que molestaba a su amo en ese entonces, cuando daba sus últimos alientos. Sabía bien que no era culpa de él y que estaba más allá de sus manos el modificar el destino de Okita,  pero no dejaba de sentirse responsable por todo. Quizá era porque lo extrañaba… y mucho.

12:43AM     2     via     src