— No tenemos ningún evento al cual asistir, además que debes esconder que eres una bruja. — Además, este no solía ser su estilo ni mucho menos acostumbraba a los caprichos contrarios y es por eso que ese repentino “halago” le dejó un poco descolocado. — Sabes que puedes llamarme para lo que sea, pero no entiendo el porqué.
Sin dejar de sonreírle, Cassandra chasqueó sus dedos y encendió el viejo gramófono que solía usar para eventos especiales, el cual empezó a tocar una suave melodía, un vals; y a pesar de que estuviesen sólo los dos, todo momento era especial si estaban juntos, ¿no?
– Si no hay un evento, simplemente podemos crear el nuestro, ¿no crees~? Y lo sé, querido; pero no es algo que me preocupa estando en mi propio hogar. – soltó una pequeña carcajadita al verlo tan ruborizado, y su fuerza de voluntad para ocultarlo lo hacía ver más adorable a sus ojos ¿Quién diría que el muchachito que encontró un día iba a llegar a ser tan apuesto? – Bueno, bueno~ Te diré la verdad, querido; quiero pasar un rato agradable contigo, así que… – se le acercó y colocó una de sus manos en su hombro. – … ¿bailas conmigo, Lowell?