— ¡Lo es! — Respondió de inmediato y con toda seguridad, volviendo a darle unas cuantas palmaditas pero en esta ocasión fueron en el hombro, queriendo que no pensara nada extraño que pudiera hacerlo sentir mal.
Era viejo y algo lento, pero sabía identificar cuando alguien pensaba en cosas que no iban al caso.
— Se me hace lindo que sisees así de fuerte. — Confesó de nuevo y sin pena. — Te da un toque adorable cada que hablas.
Dicho lo anterior alzó un brazo lo más que pudo para hacerle ver lo alto que era, estaba completamente seguro que hasta le ganaba en altura cuando se deshacía de sus piernas y dejaba salir su cola de serpiente.
— Y que seas tan alto lo hace más especial.
– Hehehe… – ciertamente, el contrario no dejaba de sorprenderlo. Podrían parecer familiares lejanos, pero estaba claro que el otro reptil tenía más experiencias de vida que él. – Normalmente me dicen que doy miedo, así que… graciasss. – remarcó ese siseo a propósito, al menos para hacerle saber al contrario que apreciaba su cumplido. De cierta manera, sus palabras y gestos le recordaban a las de sus propios padres, algo que había añorado sentir hace mucho tiempo ya. Era algo que lo reconfortaba. – Ssupongo que puedo decir lo mismo de ti, que seas más pequeño te da aires de ternura también. – si se iban a dar cumplidos, esperaba que el contrario aceptara los suyos también. – Y bueno, ¿hace cuanto decidiste salir de aquel lago del que provieness? – claro, también iba a satisfacer su curiosidad, no todos los días veía una deidad, ¿no?