– Sí. Y solo es para ti, así que no le vayas a decir a los demás, ¿de acuerdo? – al fin había captado bien la atención de Wescott, aunque no pudo jugar como quería. Eso ya era un logro, ¿no?
– Oh… Ya veo, ya veo – contestó con una sonrisa, la cual buscaba detener una ligera risa que quería escaparse de sus labios. No eran las respuestas y acciones que esperaba ver del Capitán, pero al menos no habían sido decepcionantes. – Heh, esta bien. No lo molestaré con eso entonces, Capitán Wescott, peeerooo… – dirigiéndose a una mesita cercana a ellos,Luca recogióuna caja que se encontraba abajo de la misma. Era una sorpresa después de todo, la había escondido bien. – ¡Te conseguí un par de zapatos nuevos! Espero que así ya no tengas que tomar los míos. –
– Mmh… okay, okay. No diré nada. – aseguró, algo perplejo,y aunque intentaba ocultarla por completo, sus ojos estaban llenos de una curiosidad propia de un niño pequeño. Había caído completamente en el juego de Luca, y es que, ¿cómo negarse a un regalo? Rara vez (por no decir nunca) recibía algo gratis y de forma voluntaria de alguien.
Quiso protestar en cuanto se dio cuenta de ese tono sarcástico que utilizó el contrario al referirse a él, pero sus palabras se quedaron estancadas en su mente, ya que la acción siguiente de Luca hizo que su atención se posara en la caja que había sobre la mesita.
– ¿Huh? ¿Qué…? – No pudo preguntar qué era a tiempo, ya que el otro ya había revelado lo que había dentro de aquella caja, y con el rostro aún perplejo y las manos temblorosas, tomó aquella caja en sus manos como si se tratase de un tesoro equivalente a más de mil monedas de oro. No supo que decir; simplemente se quedó allí, sin palabras, sosteniendo aquella caja en sus manos mientras su mirada iba y venía desde esta misma hacia Luca. Mentiría si dijese que ahora mismo quería llorar de felicidad.