Ahora Kashuu era el que se recargaba en el hombro contrario, levantando sus brazos despacio para devolverle el gesto. No lo admitiría en voz alta, pero adoraba poder recibir esas muestras de cariño y atenciones. – Gracias… Tu tambien eres lindo, Yasusada. –
Kiyomitsu no tenía que decirle nada para saber que su gesto había sido de su total agrado. Después de todo, conocía a la uchigatana a la perfección. – Heee, no digas eso… aunque de todas formas, gracias también. – rió suavecito mientras delicadamente y sin apartarse de él, rozaba su mejilla contra la ajena en un gesto de más cercanía y cariño.