Con una sonrisa traviesa en sus labios, Kogitsunemaru observó al pequeño visitante que se había atrevido a perderse en el bosque hasta que decidió seguirlo y, por supuesto, entablar conversación con él.

– ¿Qué tenemos aquí? – preguntó divertido mientras jugueteaba con el cabello ajeno. – ¿Estás perdido, chico? ¿Necesitas ayuda? – se preguntaba cómo había llegado allí… y si sería un problema que encontrara la Ciudadela. Después de todo, el único humano presente allí era Aruji.